Samaná, un Caribe diferente

Samaná, la península más bella de uno de los países más bellos del Caribe, República Dominicana, era hasta ahora un lugar para minorías, un secreto celosamente guardado, donde la ballena jorobada y el viajero alternativo buscaban la estancia perfecta. Pero por fin, tenemos vuelo directo a uno de los últimos paraísos, un Caribe diferente donde la naturaleza es mucho más que una bonita postal, la naturaleza… lo es todo. 

Las terrenas enamora

Este pueblo de pescadores hippy-chic, enamora a los dominicanos que huyen de la capital en busca de fiesta, y enamora a viajeros que cruzan el planeta en busca de paz. Sencillas construcciones de pueblo y majestuosas villas junto al mar, conviven alegremente; tiendas de artesanía junto a estupendas boutiques de moda; restaurantes de la mejor cocina internacional, y puestos de comida dominicana a pie de arena, donde degustar pescado con coco, lambí guisado, deliciosas piñas coladas al natural… Y el menú de playas también es una delicia: Playa Bonita, Las Ballenas, Punta Poppy, Portillo… Las Terrenas invita a vivir, tocar, saborear la colorida vida dominicana. Pero cuidado porque muchos fueron de visita. Y se quedaron.

Playa Rincón

Se dice que Playa Rincón es lo más parecido a lo que encontró Colón cuando desembarcó en la isla de la Hispaniola. Un mar de palmeras de un verde brillante flanquean una de las 10 mejores playas del mundo, según la revista Conde Nast. Ideal para pasearla, bañarse y almorzar en alguno de sus sencillos puestos de comida, donde siempre sirven pescado fresco y a menudo pan de coco recién hecho. Un regalito: los paseantes que se aventuren a ir hasta el final de Rincón, descubrirán Caño Frío, un río de agua dulce con un baño inolvidable.

Los Haitises, espectáculo natural

El Parque Nacional Los Haitises, cuyo nombre significa “tierra alta” en lengua taína, es un espacio natural de un valor incalculable. Sus 1,600km2 forman parte de un sistema kárstico formado hace 50 millones de años compuesto por un rico mosaico de ecosistemas marítimos y terrestres: estuarios, ensenadas, bahías, cayos y mogotes –las curiosas formaciones rocosas de forma cónica que caracterizan el paisaje de la zona–, manglares… Un gran parque de atracciones naturales en barca y a pie en el que disfrutar del avistamiento de decenas de especies protegidas o descubrir pinturas rupestres precolombinas en alguna de sus misteriosas cuevas.

Excursiones en buggies

Hay numerosas rutas en buggies por Samaná, a través de sus colinas sembradas de palmerales, cafetales, plantaciones de cacao; atravesando coloridas aldeas con sus gentes siempre dispuestas a compartir una anécdota o un taza de café. Este es el principal atractivo de viajar en este medio, la cercanía con el entorno y la facilidad de detenerse a vivirlo. Las excursiones son guiadas y aptas para todos los públicos. Con cierta inclinación a la aventura, eso sí 😉

Salto el limón

La espectacularidad y belleza de esta cascada ha hecho que la visiten desde todos los rincones del mundo, y el camino de acceso que antaño era solo apto para montañeros, hoy día está habilitado para gente de toda condición física. Ventajas y desventajas de la globalización… Aún así, merece la pena tanto el salto, como el camino que lleva hacia él. De hecho hay varias sendas, la ruta del café es la más larga, pero también la más hermosa. Si de belleza se trata, ésta es nuestra recomendación. Y a la vuelta nos esperan en el “Santi”, para almorzar o tomar un refrigerio. Un encantador restaurante de un español y una dominicana que llevan más de 20 años aconsejando y alimentando a excursionistas.

Santa Barbara de Samaná

Así se llama la capital de la península de Samaná. Una pintoresca población donde contemplar la arquitectura vitoriana tropical y la inmensidad de su bahía, archiconocido santuario de la ballena jorobada. Lo ideal es hacerlo paseando su malecón, que conecta con dos majestuosos puentes que van de cayo en cayo ofreciendo unas vistas sublimes de la bahía y de la ciudad. A nivel cultural, resulta curioso acercarse al Templo la Corcha o iglesia de San Peter, construida en 1901 en Inglaterra y transportada en barco desde allí. Y si no viajas en época de ballenas (de enero a marzo), existe la posibilidad de acercarse a estos espectaculares cetáceos visitando el Museo de la Ballena. 

La chispa y genialidad de los dominicanos, los aromas a trópico, a mar, a coco, la bachata retumbando en cada esquina, la naturaleza apoderándose de todo… Porque hay cosas que hay que vivirlas y no podemos contarlas aquí, te recomendamos, de corazón, que no te pierdas Samaná, con vuelo directo, solo de julio a septiembre.

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